Solera industrial: por qué se fisura y qué hay debajo cuando no lo hace
La solera no falla por el hormigón. Falla por lo que hay debajo, por dónde se cortan las juntas y por lo que pasa en las primeras horas.
Una solera de nave es la superficie que más se mira y menos se especifica. En el proyecto ocupa media página; en explotación es donde circula la carretilla ocho horas al día, donde apoyan los racks y donde el cliente detecta el primer problema.
Cuando una solera se fisura, la conversación se va casi siempre al hormigón. Es el sitio equivocado. Estas son las cuatro cosas que sí lo deciden.
1. La subbase: lo que hay debajo
Una solera es una losa apoyada. Su comportamiento depende de la uniformidad del apoyo, más que de la resistencia puntual en un sitio.
El problema típico no es un terreno flojo, sino un terreno desigual: una zona compactada, otra con relleno mal tongueado, una zanja de instalaciones rellenada deprisa que cruza la nave. La losa se apoya bien en unos puntos y en otros no, flecta de forma distinta a cada lado y rompe por donde tiene menos sección.
Lo que hay que exigir aquí:
- Explanada compactada y ensayada, con ensayos de densidad repartidos y no concentrados donde es cómodo hacerlos.
- Zanjas de instalaciones rellenadas y compactadas con el mismo criterio que el resto, no a mano y a última hora.
- Capa de regularización de zahorra de espesor uniforme.
- Lámina separadora entre la subbase y el hormigón, para que la losa se retraiga sin quedar cosida al terreno.
Ese último punto es barato y se olvida a menudo. Sin él, la losa intenta acortarse mientras el rozamiento contra la base se lo impide, y lo que cede es el hormigón.
2. Las juntas: el hormigón se va a retraer, la pregunta es por dónde
El hormigón pierde volumen al fraguar y al secarse. Va a agrietarse; lo único que se puede decidir es si lo hace por una línea recta que usted ha marcado o por donde le apetezca.
Para eso están las juntas de retracción: cortes que debilitan la sección a propósito para inducir la fisura en ese plano. Tres decisiones mandan:
Cuándo se cortan. Las juntas se serran en una ventana de horas después del hormigonado. Cortar tarde significa que la losa ya ha fisurado por su cuenta; cortar demasiado pronto arranca el árido y deja el borde descarnado. Esa ventana depende de la temperatura y del viento de ese día, no de un horario fijo.
Qué profundidad tienen. El corte debe llegar a una fracción del espesor suficiente para que el plano débil funcione. Un corte superficial no induce nada.
Cómo se reparten. Los paños deben ser lo más cuadrados posible. Los paños alargados fisuran transversalmente por el centro. Y toda entrada, pilar o esquina interior es un concentrador de tensiones: hay que resolverlo con junta o con refuerzo, porque si no, la fisura sale de ahí en diagonal.
3. El curado: las primeras horas
Una solera pierde agua por la cara superior, que es toda su superficie. Si se seca más rápido de lo que gana resistencia, aparece fisuración superficial en malla antes de las 24 horas.
Curar no es opcional ni un detalle de buena práctica. Es la partida que más resultado da por euro invertido. Producto de curado aplicado en cuanto el fratasado lo permite, protección frente a viento directo y frente a sol en las horas centrales, y cuidado especial con hormigonados en días secos.
El calendario juega en contra. Las naves se hormigonan cuando toca, y en la Comunidad Valenciana eso cae muchas veces en meses de calor y poniente. Conviene decidir la hora de vertido en función del parte, no de la agenda.
4. La planimetría: la tolerancia se pacta antes
“Solera fratasada” no dice nada sobre planimetría. Y la planimetría es lo que determina si la carretilla trepidante puede circular a velocidad, si los racks apoyan sin calzos y si una estantería de gran altura cumple el criterio de su fabricante.
La tolerancia se define antes de empezar, con un criterio medible, y se comprueba al terminar. Si la nave va a llevar estanterías de pasillo estrecho, el requisito es distinto y hay que decirlo en la fase de presupuesto: cambia el método de ejecución, no solo el acabado.
El acabado y el tratamiento superficial
Sobre lo anterior se decide el acabado: fratasado mecánico, hormigón pulido, endurecedor superficial en polvo, tratamientos de sellado. Aquí sí hay margen para elegir según el uso y el presupuesto.
Lo que conviene tener claro es el orden de importancia. Un acabado excelente sobre una subbase desigual y sin juntas bien resueltas dura lo que tarda en pasar el primer invierno. Al revés funciona: una solera bien apoyada, bien cortada y bien curada, con un acabado sencillo, cumple años.
Qué pedir en la entrega
Al recibir una solera, pida:
- Actas de ensayo de compactación de la explanada.
- Resultados de probetas del hormigón.
- Plano de replanteo de juntas ejecutado.
- Registro de planimetría medida.
Esos cuatro documentos convierten una superficie gris en una obra comprobable. También son lo que necesita tener si algún día hay que discutir una patología.
Ejecutamos soleras fratasadas y pulidos de hormigón para naves y superficies de alto tránsito. Cuéntenos los metros y el uso previsto y le preparamos el presupuesto por partidas.