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Canalización de servicios: qué pasa entre la zanja y la acometida

La compañía no recibe una zanja. Recibe una canalización que cumple su norma particular, y la comprueba antes de firmar.

Una canalización de servicios parece la partida sencilla de una urbanización: abrir, meter tubo, tapar. Es también donde más obras se atascan, porque quien tiene que aceptarla al final no es la dirección facultativa, sino la compañía suministradora, y cada una tiene su norma particular.

Este es el recorrido completo, en el orden en que ocurre.

Antes de abrir: saber qué hay debajo

La primera obligación es localizar los servicios existentes. Planos de las compañías, detección con equipo y, donde haya dudas, catas manuales.

No es burocracia. Reventar una conducción de agua en carga o cortar un cable de media tensión detiene la obra, genera un expediente y, en el caso de la MT, puede matar a alguien. El tiempo de las catas siempre es menor que el de la incidencia.

Con la información en la mano se replantea el trazado real, que casi nunca es el del plano.

La zanja

Ancho y profundidad los marca el proyecto y la norma de cada compañía, no la comodidad de la máquina. Dos cosas determinan si la zanja es segura y si va a poder recibirse:

Entibación. Por encima de cierta profundidad, o con terreno suelto, la zanja se entiba. Es una partida con coste y hay que verla en el presupuesto; cuando no está, o se ejecuta sin ella o aparece como extra.

Agotamiento. Si hay nivel freático alto o llueve, hay que achicar. Una zanja inundada no se puede hormigonar ni compactar, y el retraso se paga en día de máquina parada.

La cama y el montaje del tubo

El tubo apoya sobre una cama de arena o de material seleccionado, nunca directamente sobre el fondo excavado. El fondo tiene piedras, tiene irregularidades, y un tubo apoyado en dos puntos trabaja a flexión hasta que rompe.

Sobre la cama se montan los tubos con las pendientes de proyecto en el caso del saneamiento, y con las separaciones entre servicios que exija cada norma. Esas separaciones existen por seguridad y por mantenimiento: para que una avería en agua no se meta en una arqueta eléctrica, y para poder abrir uno sin descubrir los otros.

En canalizaciones eléctricas y de telecomunicaciones se instalan además los tritubos o los tubos de reserva. Dejar reserva es barato en obra y carísimo tres años después.

El prisma de hormigón

En los cruces de calzada y donde lo exija la compañía, el haz de tubos se envuelve en un prisma de hormigón. Es lo que reparte la carga del tráfico y protege los tubos frente a una excavación futura.

Antes de hormigonar hay que asegurar el haz con separadores para que los tubos mantengan su posición relativa, porque el hormigón fresco los flota y los desplaza. Un prisma con los tubos descolocados cumple mal las separaciones y complica el mandrilado.

El hormigón del prisma suele llevar colorante en los servicios eléctricos: es la señal que ve el que excave dentro de veinte años.

Las arquetas

Las arquetas son los puntos de registro, y son lo que primero mira el técnico de la compañía en la recepción. Prefabricadas o ejecutadas in situ, tienen que cumplir dimensiones interiores, tipo de tapa según su ubicación —no es lo mismo en acera que en calzada— y acabado interior.

Dos detalles que se repiten en las incidencias de recepción: la tapa debe quedar enrasada con el pavimento definitivo, y la entrada de los tubos a la arqueta debe quedar sellada y rematada, no reventada a martillo.

El relleno

Sobre la cama y el prisma se rellena por tongadas, compactando cada una. Aquí hay una tentación evidente: rellenar de una vez y pasar el rodillo por encima.

El resultado de eso se ve meses después, cuando el pavimento sobre la zanja se hunde y queda la cicatriz longitudinal por toda la calle. Rehacerlo cuesta mucho más que haberlo compactado bien, porque ya hay firme encima.

Las densidades se ensayan y el acta se guarda.

Las pruebas antes de tapar del todo

Según el servicio, la canalización se comprueba antes de darla por buena:

  • Eléctrica y telecomunicaciones: mandrilado. Se pasa un mandril por cada tubo para verificar que está libre y sin aplastamientos. Un tubo que no pasa el mandril es un tubo que no sirve, y encontrarlo antes de asfaltar es la diferencia entre ajustar un tramo y levantar la calle.
  • Saneamiento: prueba de estanqueidad y comprobación de pendientes. Una contrapendiente en un colector es un atasco garantizado.
  • Agua: prueba de presión del tramo.

Estas pruebas se hacen con la compañía o con acta, y son las que permiten cerrar la partida.

La documentación de entrega

Al terminar, la canalización se entrega con:

  • Planos as-built con el trazado y las cotas reales, no las de proyecto.
  • Actas de las pruebas realizadas.
  • Ensayos de compactación del relleno.
  • Certificados de los materiales instalados.

Sin ese paquete, la compañía no firma la recepción, y sin recepción no hay suministro. Es la razón por la que conviene que la canalización la ejecute quien ya conoce la norma particular de la compañía que va a recibirla: la obra física es la misma, pero los criterios de aceptación no.


Ejecutamos canalizaciones de saneamiento, pluviales, agua, media y baja tensión, gas y telecomunicaciones en toda la Comunidad Valenciana. Cuéntenos el trazado y la compañía que recibe.