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Marco prefabricado de hormigón: cuándo compensa y cuándo no

El prefabricado no siempre sale a cuenta. La decisión la marcan el acceso, la grúa y el plazo de corte del vial, no el precio del elemento.

Un marco de hormigón es una estructura cerrada en forma de cajón que se entierra bajo un vial para dar paso a un cauce, a un camino o a una conducción. Puede ejecutarse in situ —encofrando y hormigonando en obra— o llegar prefabricado de taller en piezas que se colocan con grúa.

Las dos soluciones resuelven lo mismo. Lo que cambia es dónde se consume el tiempo y dónde está el riesgo.

Qué es un marco prefabricado

Es una pieza de hormigón armado fabricada en planta, curada bajo control y transportada a obra en módulos. Cada módulo pesa varias toneladas y se coloca sobre una solera de asiento previamente ejecutada y nivelada. Los módulos se van uniendo hasta completar la longitud del paso, y se sellan las juntas.

La geometría interior (luz libre y altura) sale del cálculo hidráulico o del gálibo que necesite el paso. La pared y el armado salen del cálculo estructural con las cargas de tráfico y el relleno que va encima.

La ventaja real: el vial se corta menos tiempo

La razón principal para prefabricar casi nunca es el precio del hormigón. Es el plazo con el vial cortado.

Un marco in situ obliga a encadenar encofrado, ferralla, vertido, fraguado, desencofrado y curado. Son semanas con la zanja abierta y el tráfico desviado. Con piezas prefabricadas, el grueso de ese tiempo ocurre en la planta mientras la carretera sigue funcionando, y en obra queda la solera de asiento, la colocación y el relleno.

Cuando el paso cruza una vía en servicio, un camino agrícola en campaña o el acceso a una nave que no puede parar, ese diferencial de días es lo que decide. En obras donde el corte no molesta a nadie, la ventaja se diluye.

La otra ventaja: el hormigón se controla mejor en planta

Una pieza fabricada bajo cubierta, con dosificación controlada y curado en condiciones estables, tiene menos variabilidad que un vertido a pie de obra en agosto o con lluvia. Para elementos repetidos y con armado denso, eso se nota en el acabado y en la regularidad de las paredes.

No convierte al in situ en peor solución, pero sí reduce el número de cosas que pueden salir mal un día concreto.

Lo que hay que comprobar antes de decidir

El prefabricado tiene tres condiciones que se pasan por alto en la fase de proyecto y aparecen en obra.

El acceso del transporte. Los módulos llegan en góndola. Hay que comprobar el radio de giro en la entrada a la parcela, el ancho del camino, los gálibos bajo líneas eléctricas y los pasos intermedios. Un acceso que obliga a acondicionar 300 metros de camino se come la ventaja de plazo.

La grúa. El peso del módulo y la distancia desde donde puede estacionar la grúa determinan el tonelaje necesario, y el tonelaje determina el precio del día de grúa y el espacio de estabilización. Una grúa grande necesita plataforma nivelada y compactada; eso es una partida más, y a veces una obra previa.

La cimentación y el asiento. La pieza apoya sobre una solera de hormigón de nivelación que tiene que estar plana dentro de tolerancia. Si el terreno de apoyo no da la capacidad portante prevista, hay sustitución de terreno o mejora, y eso no depende de que el marco sea prefabricado o no.

Cuándo sale mejor el in situ

Hay casos claros donde encofrar en obra es la decisión correcta:

  • Geometrías singulares. Esviajes pronunciados, transiciones, embocaduras con aletas de forma libre. El prefabricado es eficiente cuando la pieza se repite; cuando cada metro es distinto, el molde deja de compensar.
  • Unidades sueltas. Un marco corto y único no amortiza el transporte especial ni el día de grúa.
  • Acceso imposible. Parcelas interiores, caminos estrechos, obras urbanas con poco espacio de acopio.
  • Ampliaciones sobre estructura existente, donde hay que conectar con hormigón viejo y la junta se resuelve mejor hormigonando contra él.

El relleno importa tanto como la pieza

Con la estructura colocada, queda lo que a menudo decide si el vial se hunde dos años después: el relleno lateral y el trasdós.

El relleno se ejecuta por tongadas, subiendo simétricamente por los dos lados para no descompensar la pieza, con el material y el grado de compactación que marque el proyecto, y con control de densidades. Un marco perfecto con un trasdós mal compactado da un asiento diferencial en el firme justo sobre la estructura, que es la fisura longitudinal que se ve en tantas carreteras.

Esta partida se mide, se ensaya y se documenta. Cuando un presupuesto de paso inferior no la detalla, conviene preguntar.

La decisión, en una línea

Si el vial no puede estar cortado semanas y la geometría se repite, el prefabricado suele ganar. Si la pieza es única, el acceso es malo o la forma es complicada, el in situ vuelve a tener sentido. El precio del hormigón, en cualquiera de los dos casos, es la parte pequeña de la cuenta.


Ejecutamos pasos inferiores y obras de drenaje en las dos soluciones. Si tiene un cruce que resolver, cuéntenos la ubicación y el gálibo y le decimos cuál encaja.